Testimonio de vida de una extranjera

Testimonio cristiano de una venezolana

Este artículo es un testimonio de vida, un testimonio de fe resumido, donde Dios hizo milagros en mi vida cuando decidí irme de mi país; y hoy quiero honrarlo al testificar su bondad aún cuando yo no lo conocía.

Hace 6 años todo lo que yo ganaba lo ahorraba, porque siempre decía: «el año que viene me voy del país». Estaba decidida por lo mal que estaba la situación en mi país, aunque no tenía ni 1 dólar para irme, ni tenía familiares en el extranjero que me ayudaran a lograrlo.

Dios arregló todo, poco antes de irme a Ecuador, a un tío le empezaron a pagar parte de su trabajo en dólares, por lo que pudo prestarme el dinero para poder comprar el boleto. Para quienes no lo saben, en Venezuela funcionaba un sistema llamado CADIVI, por lo que no se tenía ni se tiene en estos momentos acceso libre a los dólares.

Llevé una de mis tarjetas de crédito al límite para comprar algunas cosas que necesitaba, y a última hora el gobierno me aprobó 500 dólares en efectivo. Estaba muy feliz porque no quería irme sin efectivo, porque yo tenía muy poco, y algo importante es que con CADIVI, uno nunca estaba 100% seguro de si la tarjeta de crédito donde te aprobaban los dólares iba a pasar o no.

Dejé a mi familia, a mi novio (mi actual esposo) y a todo lo que conocía para aventurarme sin tener idea de cómo me iría.

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Dejando mi País

Y el 6 de mayo hace 5 años, tomé mi primer vuelo internacional con destino a Ecuador. Sabía que ya no podía seguir viviendo en Venezuela, pero no sabía si me iba a gustar Ecuador porque nunca había estado allí.

Ese día perdí mi conexión Panamá-Ecuador gracias a una revisión de los militares de Venezuela, lo cual retrasó el vuelo; fue así como la aerolínea me dio un voucher por 10$ para almorzar en el aeropuerto, y con eso probé mi primera hamburguesa «internacional» jaja.

Le agradecí a Dios por no haberme dejado sin comida y porque no tuve que gastar el efectivo que llevaba porque en los aeropuertos la comida es muy costosa. De hecho fue muy difícil conseguir algo que no superara los $10, casi todo costaba $15 o más.

Una vez que llegué a Quito me recibió un amigo, la única persona que conocía en Ecuador. 3-4 días después encontré una habitación donde mudarme pero no tenía Internet en esos momentos, iba casi todos los días a un supermercado para conectarme al Wi-Fi y así poder hablar con mi familia al menos por unos minutos.

Los días eran solos en la casa porque hasta el momento yo era la primera persona en arrendar, unas 2 semanas después llegó alguien que cambiaría mi vida.

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Buscando Empleo en el extranjero

En esos días actualicé mi currículo y empecé a enviar mi hoja de vida a todas las empresas que encontré por Internet. Tuve varias entrevistas, algunas muy malas (tan malas que incluso terminé llorando) y otras muy buenas, pero le pedí a Dios quedar en una empresa en particular que me gustó mucho.

Fue un proceso difícil, porque me salió una oferta laboral a la que me había postulado en enero en Colombia, querían que me fuera lo más rápido posible para allá. Toda esa situación trajo mucha confusión y angustia, porque era perder dinero si me iba, y a la vez no tenía nada seguro en Ecuador, irme del país implicaba retos que ni me imaginaba.

En mi desesperación le pedí a Dios que me guiara, y aunque en ese momento no lo conocía, Él puso en mí la convicción de que para que se dieran las cosas en Ecuador debía dejar ir esa oportunidad en Colombia. Rechacé la oportunidad a pesar de su insistencia y del miedo que eso me generaba. 1-2 días después, me llamaron de la empresa donde quería trabajar, que tenían a 2 candidatos que les interesaban, entre ellos yo, pero que necesitaba tener la visa.

En ese momento no tenía la visa de trabajo aún, porque tener la visa representaba gastar casi todo el efectivo que tenía y no sabía si iba a ser capaz de pagar el alquiler de la habitación si hacía este gasto. Tuve que arriesgarme y sacar la visa, y gracias a Dios quedé en esa empresa, estuve trabajando allí durante 3 años.

Recuerdo que los primeros días de trabajo no les entendía absolutamente nada y eso que hablaban en español jaja. Conocí personas maravillosas, fueron mi compañía en momentos de soledad y de extrañar a mi familia, aún durante la pérdida de mi abuela.

Trabajar en esa empresa fue de las mejores cosas que me han pasado desde que llegué a Ecuador, no porque todo fuese perfecto, sino porque Dios siempre ha puesto personas maravillosas a mi alrededor.

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Conociendo a Cristo

Unas 2-3 semanas después de haberme mudado a la habitación, arrendó otra chica, también era una venezolana; eso contribuyó a que nos entendiéramos, que nos hiciéramos compañía y que con el tiempo nos volviéramos amigas, ya que ella también había llegado sola.

Ella era cristiana, y tenía una amiga que hacía reuniones de mujeres cada 15 días. Ella me hablaba de vez en cuando hasta que un día me invitó a una reunión.

La primera vez que fui me sentí muy extraña y fuera de lugar. Pero a pesar de que me sentía extraña pasó algo que no me esperaba… Aunque nadie estaba ministrando y todas tenían sus manos en el aire, sentí que alguien tomó mis manos, al abrir mis ojos no era «nadie». Ahí fue cuando entendí que Dios en verdad era real, y que estaba interesado en volverse muy real para mí.

Siempre había sentido esa curiosidad por saber quién era Dios, así que volví a ir a la siguiente reunión y Dios siempre se hacía presente, aún cuando le hablaba a solas en mi habitación. Como Jeremías dijo «¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir! Fuiste más fuerte que yo, y me venciste.».

En solo 2 reuniones decidí aceptar a Cristo. Con el tiempo entendí que su propósito era que yo me fuera del país y me quedara en Ecuador para que así lo pudiese conocer a Él. Doy gracias a Dios por la vida de mi amiga que me llevó a los pies de Cristo, y también a mi amiga que lideraba esas reuniones y fue ese instrumento de Dios, no podría haber recorrido todo lo que he recorrido en el Evangelio de no ser por ellas.

Dios ha obrado grandes milagros en mi vida, aún sin yo merecerlo en absoluto, sin ser su hija todavía. Y a pesar de llevar una vida de pecado, Él tuvo tanta misericordia y amor por mí, que siempre ha mostrado su fidelidad.

Espero que esta pequeña parte de mi historia te lleve a valorar cada cosa que Dios ha hecho por ti y a que puedas ver que su bondad, misericordia y milagros abundan.

¡Que Dios te bendiga!

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