¿Cómo Dejar de Sentirse Culpable como Cristianos?

Como seres humanos tendemos a sentirnos culpables en diversas situaciones y roles que ocupamos. Nos podemos sentir culpables por una decisión que tomamos, como padres, hijos, esposos, profesionales, etc.

Incluso es bastante común lidiar con lo que se llama «mom guilt» o culpa de madres, o como lo dicen muchas: «me siento culpable como mamá». Y esto es porque es una tendencia en nosotros, pero ¿Cómo dejar de sentirse culpable como cristianos? Porque sabemos que Cristo pagó un precio alto por nosotros, no para vivir en culpabilidad, sino para vivir en libertad, en la libertad que solo Él nos puede dar.

El sentirnos culpables puede ser un aliado si usamos la culpa para detenernos a reflexionar en nuestro comportamiento y lo comparamos con la voluntad de Dios para nuestras vidas, para cambiar nuestros malos caminos; sin embargo, jamás debemos permitir que la culpa domine nuestras vidas y nos aisle de quienes amamos y de Aquél que nos ama más de lo que ningún otro ser humano jamás nos amará.

Como dejar de sentir culpa por todo

¿Cómo dejar de sentir culpa?

Parte de esto va en aceptar que como seres humanos cometemos errores, no somos perfectos y mientras estemos en este mundo caído jamás lo seremos. Es precisamente porque este es un mundo roto que Dios va a hacer todo nuevo, y es precisamente por esto que lo primero a hacer es reconocer nuestro error y llevarlo a pies de Cristo.

Es por esto que antes de continuar, quisiera mostrarte un video donde te doy una ilustración con una situación con mi hija sobre la culpa, y el recibir el amor de Dios para superarla.

Pasos Para Dejar de Sentirse Culpable

  1. Confiesa tus pecados. El Salmos 32:3-5 dice algo hermoso al respecto: «Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió. Con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí; Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: «Confesaré mis transgresiones al Señor»; Y Tú perdonaste la culpa de mi pecado.»

2. Asume la responsabilidad. El ser humano tiende a culpar a Dios por todo con tanta ligereza o incluso a Satanás. Si bien el enemigo busca hacernos caer, es importante reconocer y asumir nuestra responsabilidad. Por ejemplo, una persona que asume una deuda inmensa por querer comprar un carro de lujo, y esta deuda ahora está destruyendo a su familia, ese no fue Satanás, fue la falta de prudencia y sabiduría por parte de esa persona. Fueron sus malas decisiones.

Muchas veces la culpa a Satanás es una excusa para evitar asumir la culpa. Asumir la responsabilidad es una muestra de madurez espiritual.

3. Aprende del error o pecado cometido. Aún nuestras fallas pueden ayudarnos en nuestro caminar con Dios si nos detenemos a analizar en lo que fallamos para evitarlo en un futuro. 

Por ejemplo: Una persona que quizás tiene debilidad por las bebidas alcohólicas pudo haber querido acompañar a un amigo a su casa porque tuvo un mal día, pero ese amigo terminó insistiendo hasta que bebió y se emborracharon ambos. Su intención no fue pecar, pero lo hizo, y lo que corresponde es aprender, en este caso que lo mejor es no ir a casa de este amigo, sino quizás invitarle a un ambiente más controlado para evitar este tipo de situaciones.

4. Confía en que Dios te ha perdonado. Es bastante común que después de haber confesado nuestros pecados a Dios y haber pedido perdón, sigamos sintiéndonos culpables. Es allí donde debemos ser intencionales y meditar en versículos que nos ayuden.

Uno de ellos es 1 Juan 1:9 « Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» 

Otros versículos a meditar pueden ser: Romanos 8:1 y Salmos 86:5.

5. Perdónate. Este puede ser el paso más dificil de todos, pues muchas veces somos capaces de perdonar a otros fácilmente pero a nosotros nos mismos nos tratamos peor que a cualquier otra persona, muchas veces somos nuestros peores enemigos.

Extiéndete misericordia, sé compasivo contigo mismo, recuerda que así como Dios tiene paciencia y ha extendido su gracia con otros, también lo ha hecho contigo. 

Recuerda que el fruto de la carne es la ira, la contienda, y muchas veces vivimos en ese estado con nosotros mismos, ¿Por qué lo permites si estás llamado a reflejar el fruto del Espíritu? Así mismo se compasivo, paciente, amable y amoroso contigo mismo, porque cuando logras ser así hacia ti mismo, será mucho más fácil extender ese amor y esa gracia de Dios a los demás de una manera profunda e intensa; no porque vayas a ser perfecto, sino porque serás libre para amar a otros como Dios desea que les ames.

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